Notas Periodísticas - 30/04/2012

España vs. Alemania: la convergencia de la Unión Europea que no fue

La crisis europea ya se comió a cinco líderes: Papandreu en Grecia, Zapatero en España, Berlusconi en Italia, Mark Rutte presentó su renuncia en Holanda ante su Reina, y ahora Sarkozy perdería en segunda vuelta en Francia.


por Germán Fermo (DyN)


BUENOS AIRES.- La crisis europea ya se comió a cinco líderes: Papandreu en Grecia, Zapatero en España, Berlusconi en Italia, Mark Rutte presentó su renuncia en Holanda con su Reina debiendo convocar elecciones anticipadas para septiembre de este año, y ahora a un Sarkozy en Francia que aparentemente perdería con claridad en segunda vuelta contra su opositor político Hollande.

En especial, la aparente derrota esperada del presidente francés pone un serio estrés al equilibrio político que caracterizó a la Unión Europea desde el inicio de la crisis. El pacto implícito que reinaba entre Alemania y Francia era muy sencillo: si Francia apoyaba los planes de austeridad exigidos por Alemania a cambio de una Alemania aceptando a un Banco Central Europeo emitiendo grandes cantidades de dinero para estabilizar a los bancos, el acuerdo cerraba y cuando Francia y Alemania cierran un acuerdo, por ahora al menos, el resto de la Unión Europea parecería no oponerse.

El problema es que aparentemente Hollande está por encima de Sarkozy para la segunda vuelta y si gana las elecciones en Francia podría haber un sustancial vuelco respecto a las medidas que hasta el momento se habían adoptado a través del acuerdo “Merkozy” (Merkel de Alemania y Sarkozy de Francia, trabajando en bloque). Lo cierto es que la columna vertebral del intento de resolución de la crisis de deuda en Europa se basa en fuertes planes de recortes de gastos en varios de los países miembros de la Unión Europea y precisamente estos acuerdos están teniendo serias oposiciones por parte de las ciudadanías europeas como ya es el caso de España, Holanda, Francia y veremos qué pasa con las elecciones en Grecia.

Lo cierto es que se observa con claridad una falta de apoyo político a las medidas que Alemania y Francia vendieron como salvadoras de la Unión Europea ante la crisis internacional.

En el nacimiento de la Unión Europea, se escuchó en repetidas ocasiones el concepto de “convergencia”. En esos tiempos de euforia cuando nacía el “proyecto Euro” se pensaba que toda Europa finalmente convergería a su pilar más productivo, Alemania, sin siquiera plantearse en esos tiempos de que en realidad el concepto de convergencia opera simétricamente: el resto de Europa podía converger a Alemania pero también podía darse el caso contrario, es decir Alemania convergiendo a la Europa PIIGS por ejemplo. Obviamente, también existía un tercer escenario del que nadie quería hablar en esos tiempos, el de la “divergencia”, convirtiendo a una Alemania aun más fuerte en términos relativos.

Lo cierto es que al inicio de esta crisis a mediados del 2007 esa convergencia se estaba dando en un indicador clave del mercado: las yields a diez años en España y Alemania por citar un ejemplo. Desde junio del 2007 hasta febrero del 2008, ambas yields cotizaban virtualmente en forma idéntica en torno al 4,50% con un spread entre España y Alemania de casi el 0%. Sin embargo, a partir de esa fecha comenzó una divergencia en yields que no paró más: la 10yr. yield de España en la actualidad cotiza en 5,80% vs. una Alemania en 1,80%, resultando en un spread del 4%. Recordemos que la yield de un bono mide el retorno que el mercado le exige a ese bono resultando en el principal indicador de riesgo país.

Lo que el mercado está descontando con la divergencia en yields entre España y Alemania es que desde un spread del 0% en el 2007 estamos actualmente en uno del 4% denotando que lejos se está ya del escenario supuesto de que todo convergía a Alemania. En un aspecto muy relacionado, los Seguros por Riesgo de Default (Credit Default Swaps) están actualmente descontando una probabilidad de default acumulada a cinco años para España del 35% contra una Alemania en 7%. Los mercados de acciones también muestran una clarísima divergencia: desde junio del 2007 el IBEX Español retrocedió 54% contra un DAX Alemán que sólo cayó un 18%. Si este análisis lo hiciésemos para Italia los resultados serían similares y si por ejemplo los efectuásemos para Grecia serían muchísimo peores.

Es bajo esta óptica de “convergencia asegurada” que se instaló el concepto de moneda única, “El Euro”, y es precisamente ese concepto el que actualmente está asfixiando a España. La Eurozona, compuesta por 17 países muy heterogéneos, tiene al Euro como tipo de cambio único. Para aquellos países con productividades relativamente bajas, España por ejemplo, el Euro está tan caro que las pérdidas de competitividad y consecuente desempleo han sido altísimas. Otros con productividades relativamente altas como Alemania por ejemplo, muestran una significativa fortaleza económica dentro de una Unión Europea caracterizada por un alto desempleo y heterogeneidad superando el mismo el 10% contra un Estados Unidos en 8%.

Si países como España, Italia, Grecia y Portugal pudiesen devaluar, seguramente lo hubieran hecho. El Euro es para estos países “un grado de libertad menos” que les ha sacado quizá la herramienta más eficiente que hubiesen necesitado para lucharle a esta crisis: la monetaria. España, dada su productividad relativa, es cara respecto a Alemania dentro de Europa y respecto a Asia fuera de Europa; la devaluación hubiese sido una forma rápida de oxigenar su economía a través de ganancias en competitividad. Obviamente, todo este stress macroeconómico resulta por la sencilla razón de que la convergencia en productividad no ocurrió nunca, ni siquiera hubo indicios de que se hubiese iniciado.

La productividad es un factor sumamente importante en la determinación del tipo de cambio: en general cuando un país tiene elevada productividad su moneda tiende a apreciarse y por el contrario, a baja productividad se deprecia. En la Zona Euro este concepto es especialmente importante dado que tiene 17 países con productividades y realidades muy diferentes, todos forzados a un mismo tipo de cambio para defender el “Proyecto Euro” que al menos hoy ya tiene muchísimos interrogantes respecto a su aceptabilidad social. En un sentido amplio, el Euro puede entenderse de esta forma como un tipo de cambio que refleja el promedio ponderado de todas las productividades de Europa: en este contexto, los más productivos son relativamente competitivos y el problema lo sufren aquellos con tecnologías menos eficientes. Por lo tanto, en el seno de la Unión Europea, los países con mayor productividad están devaluados en términos reales contra el Euro: Alemania podría fácilmente soportar un Euro más apreciado, en 2 dólares, mientras que los países con menor productividad relativa como España les vendría muy bien un Euro en 1.

Alemania tiene claras ventajas relativas versus el resto de sus pares en Europa. Primero, al ser más productiva y todos medidos en Euros, Alemania es relativamente barata para el resto de Europa. De esta forma, al competir en el mercado local de bienes, Alemania termina ganándoles a países de menor productividad como España, por ejemplo. Medido en una moneda única (el Euro), el costo de producción de una tuerca en Alemania, por citar un ejemplo, probablemente sea inferior que en el resto de Europa. Segundo, al ser más productiva y todos medidos en Euros, los salarios en Alemania suelen ser mucho más altos que en el resto de Europa. Por lo tanto, ante una moneda única, Alemania puede fácilmente abaratar sus costos de producción simplemente con utilizar fuerza de trabajo en las partes menos productivas de Europa caracterizadas todas por salarios en Euros muchísimo más bajos que en Alemania: un ingeniero en España probablemente gane mucho menos que un par alemán.

En última instancia la supervivencia de un sistema político y económico en el largo plazo depende de que su ciudadanía evidencie mejoras en sus estándares de vida. Surgen una serie de preguntas en este respecto. ¿Está mejor la ciudadanía de una Europa PIIGS con un sistema que la fuerza a vivir como Alemania cuando nunca lo fue? ¿Tiene sentido que 16 países vivan al ritmo de uno solo? ¿Qué tan importante es la paciencia social cuando la convergencia eventual requiere décadas en el mejor de los casos para materializarse? Y finalmente, hay una pregunta que todavía nadie se anima a realizar: Europa necesita sincerar su crisis para con sus respectivas ciudadanías. Europa probablemente saldrá de esta crisis más pobre que antes, la devaluación monetaria en cada bloque específico es una forma de empobrecerse medidos en dólares y sincerar esa realidad.

¿Será ese el camino al que estos resultados electorales eventualmente converjan para una unión monetaria que cada vez parecería tener menos sentido y adeptos?

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