Notas Periodísticas - 10/09/2012

Crisis internacional: un equilibrio de cómplices

Cuando un país emergente entra en crisis, sus respectivas ciudadanías son las primeras en notarlo y padecerlo. Parecería que cuando una crisis afecta al G10 las cosas son muy diferentes. Por ejemplo: ¿qué sería hoy de Grecia si no estuviese Alemania detrás?

En este contexto, se ha hecho común el siguiente comentario de mercado: ¿por cuánto tiempo más vamos a seguir con esta interminable estrategia de Bancos Centrales del G10 de emitir dinero y mercados subiendo implacablemente en consecuencia? (Todo el mundo comprando bonos de España!)

El 2012 es el año que desde el comienzo de la crisis ha mostrado con mayor elocuencia la enorme distorsión monetaria en la que se desenvuelven los mercados financieros internacionales. Antes de la conferencia de Bernanke en Jackson Hole, todo el mundo decidió no mover precios hasta que se supiese lo que pudiera sugerir referente a la tan esperada Tercer Ronda de Flexibilización Cuantitativa (QEIII). Y al final Bernanke no anunció nada permaneciendo fiel a este juego de póker que tan bien le viene saliendo: “te digo mucho pero al final no te digo nada”. Lo propio ocurrió antes del anuncio de la decisión de política monetaria del Banco Central Europeo del jueves pasado (Lo bueno y lo preocupante del anuncio de Draghi). Pero también es cierto que el mercado sabe que ambos Bancos Centrales están ultra-acomodativos a nivel monetario y eso es lo único que necesitan para no parar de subir dado el reaseguro de un permanente Put Gratis.

Independientemente de los últimos anuncios y de lo que en definitiva se pudiese implementar en las próximas semanas tanto en Estados Unidos como en Europa queda cada vez mas latente la siguiente pregunta: ¿no se pueden solucionar todos los problemas del mundo emitiendo dinero no? Porque si así fuese hacer política económica sería extremadamente sencillo: cuando hay un problema, emitimos, generamos optimismo global y listo. Obviamente que esta forma de pensar y concluir desafía al sentido común más básico sin embargo, esta modalidad en transitar la crisis en especial por parte de Estados Unidos ha permitido que se pudiese utilizar casi ininterrumpidamente política monetaria expansiva en sus distintas formas (tasa overnight en cero, QEs, Operation Twists) desde el 2008. (Principales detalles y dudas del programa del BCE)

Y a pesar de que esta historia nominal por momentos parezca inestable e insostenible la pregunta relevante a hacerse es: ¿a qué bloque significativo del planeta le conviene que esta fiesta nominal cambie? Y la respuesta por el momento es “a ninguno”. ¿Quien se anima a anunciar a sus respectivas ciudadanías que el equilibrio real subyacente se ve mucho peor que el estado nominal de cosas que percibe la gente?

Por ejemplo, que un bono americano a 10 años rinda solamente 1.70% está claramente indicando que esos precios al haber sido altamente intervenidos entraron en una de las tantas burbujas a las que ya nos acostumbró esta crisis, burbujas cuyo destino final desconocemos. Y si bien los bonos soberanos americanos están carísimos, China uno de los principales tenedores los sigue acumulando y se ha convertido en un gran aliado de la política monetaria seguida por “la Fed” de Bernanke desde el inicio de la crisis. Así como a Estados Unidos le sirve que China le continúe financiando su gigantesco déficit vía compra de bonos americanos, a China le es muy útil poder vender cantidades masivas de sus productos en el mercado americano a un Yuan subvaluado.

Estamos transitando un equilibrio tan vulnerable e inestable que paradójicamente ha tornado a los principales bloques del planeta en cómplices del mismo y en sostenedores en última instancia del equilibrio actual que por momentos suena incomprensible y muy preocupante. Un comentario interesante surge: el sistema está tan inestable en su forma intrínseca que precisamente esa misma inestabilidad lo estabiliza en el corto y mediano plazo, lo cual parecería desafiar al sentido común.

También parece evidente que la Eurozona como concepto es un absoluto fracaso. Pretender que diecisiete economías con productividades totalmente diferentes, con culturas diametralmente opuestas puedan vivir como si todas fuesen Alemania también desafía al sentido común más básico. Sin embargo, nadie se cuestionó estos aspectos al nacimiento del Euro y casi que se dio por supuesto de que la convergencia era un hecho. Sin embargo, aquí estamos hoy con una Europa al 11.20% de desempleo y países como España al 25%. El Euro es un fracaso histórico porque fue concebido sin un “plan B”.

Sin embargo, es muy probable que el Euro siga existiendo y enfrentándose a sus enormes inconsistencias internas in-eternum. La salida del Euro, la destrucción de las pautas contractuales en moneda única que han sido inmersas en una economía global y altamente interdependiente sería tan trágica que sus consecuencias la tornan imposible. A los principales bloques del mundo quizá les convenga subsidiar las ineficiencias intrínsecas del Euro por décadas que sincerar su fracaso.

Nos guste o no vivimos en un mundo en donde el país más endeudado del planeta, USA, es percibido como el libre de riesgo, con un Japón en treinta años de trampa de liquidez, con una Europa que deberá autosubsidiar sus ineficiencias intrínsecas por décadas y con una economía China que se ha convertido en el motor del crecimiento mundial vía subvaluación del Yuan. (USA y Europa: dos extremos de política económica que no sirven)

Estamos en un equilibrio internacional tan lleno de distorsiones que mantenerlas y subsidiarlas a lo largo del tiempo parece mucho más barato que sincerar los enormes desequilibrios que caracterizan a la economía global actual aun cuando esto suene inconsistente. La próxima década nos seguirá licuando con eternas rondas de flexibilizaciones cuantitativas, operation twists, tasas en cero para un mercado internacional al que a todos en complicidad parecería convenirles jugar a que este equilibrio es estable y sostenible.

Recuerden que por el 2006 nos decían que el mercado inmobiliario americano no era una burbuja, que era un equilibrio estable y que el sistema financiero internacional era sólido y confiable.

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Nota relacionada en Diario “La Prensa”

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