Hablemos de Finanzas - 17/10/2012

Bears: una especie en extinción

El 2012 es un año claramente dicótomo. Si uno mira la economía real no hay demasiadas razones para estar optimistas. Las principales ecomías del mundo muestran un débil ritmo económico y Europa con sus problemas de siempre, porque recordemos que a pesar de la intervención del BCE, la raíz del problema está en lo fiscal y de eso ni se habla hoy en día. Es cierto sin embargo, que los escenarios quasi-trágicos del pasado parecerían haber desaparecido, hace rato que no aparece un sólo black swan (cisne negro).

Pero si nos concentramos en la economía nominal la misma se ha convertido en el paraíso de los bulls (optimistas). ¿qué más se les puede pedir a los principales Centrales del mundo? Se viene fin de año, se necesita el bonus y aquí están haciendo delivery como ha venido siendo el caso desde 2009. Come on!, si no hay mega-bonus, ¿qué sentido tiene trabajar en asset management?

Hace un mes que Europa concedió su versión de Put Gratis, el OMT (outright market transactions) lo que significa la compra de bonos europeos financiados con los dos fondos de los que actualmente dispone Europa (EFSF, ESM) que aproximadamente suman Euros 550 Billions. Como no podía ser de otra forma, Ben Bernanke hizo lo propio con su open-ended QEIII prometiendo inyecciones no esterilizadas en el orden de 40.000 millones de USD por mes volcadas directamente al mercado de mortgage-backed-securities. Y finalmente China en permanente estado de estímulo económico dada la desaceleración observada desde febrero de este año.

Por lo tanto, un bear (pesimista) mira a este mercado y ciertamente se siente como una especie en estado de obvia y elocuente extinción al menos por el 2012 que sólo les dio chance en mayo. Esta extinción no hace más que reflejar el abrumador moral-hazard que existe en este mercado pero también es cierto que para llegar al largo plazo hay que navegar el corto y en ese sentido todos estos Puts Gratis han contenido y calmando muy eficientemente a los fantasmas del corto plazo inundando no sólo de dólares al mundo sino tambíen de un quasi-infinito moral hazard. El tiempo dirá cuantos fantasmas del largo plazo se estarán incubando con tanto estímulo, con tanto Put Gratis y con tanto moral hazard pero obviamente que eso hoy no preocupa a nadie.

Ser bearish en estos mercados simplemente “ya no es fashion”, es anticuado. Es obvio que la economía real ha quedado muy relegada y muy detrás de las variadas formas de intervención que los distintos Centrales del mundo han diseñado desde el 2007. El razonamiento es altamente primitivo pero no hay con qué lucharle: ¿para qué vendernos si detrás se viene un tsunami monetario de algún Central? Shortearse este mercado virtualmente es ponerle el pecho a un Central con capacidad infinita de emisión: grave error. Desde el 2009 que ser bearish en forma sistemática ha sido la peor estrategia posible, estar largo riesgo siempre pagó, obvio no pain, no gain y hubo que sufrir en el medio.

Y no está nada mal que así lo hayan hecho los Centrales. En un mundo en crisis es de sustancial importancia tener muy en cuenta la intrínseca inestabilidad del sistema. El mismo de estable puede casi de golpe tornarse en explosivo y para ello basta solamente recordar que Grecia en el 2010 generó el “Flash Crash” con el Dow colapsando 9% en menos de diez minutos. También Grecia en el 2011 llevó al SPY a niveles críticos de 107.8 en el intradiario para verlo hoy en 145. Y ni hablar de lo que el IBEX español fue capaz de hacer en los primeros meses del 2012. Por lo tanto, este mercado siempre tiene guardada una potencial bazooka destructiva que para que no vuelva a despertarse es necesario adormecerla digamos cada seis meses con un renovado Put Gratis. Sin embargo, es útil por momentos preguntarse: ¿estabilidad de corto vs. inestabilidad de largo?

Por lo tanto, comenzando con Bernanke en el 2008 y con Draghi a medias en el 2012 ambos Centrales comprenden claramente su rol en la crisis como amortiguadores de todo lo malo que proviene desde la economía real. Cada mala noticia real se intenta neutralizar por medio de alguna distorsión monetaria evitando de esta forma que el mercado descuente sinceramente el equilibrio general actual. De esta forma, para un mundo con clara ilusión monetaria es fácil contagiarlo de “optimismo nominal” cuando los anuncios de cada paquete distorsivo se festejan instantáneamente reflactando activos financieros.

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