Hablemos de Finanzas - 22/01/2013

Cuando lo irracional se convierte en fundamento

Intentar especular en estos mercados requiere pensar exactamente al revés anteponiendo la reacción monetaria de “la Fed” por sobre cualquier fundamento macroeconómico dominante. Es como que a veces hacer asset management se siente como “racionalizar la irracionalidad” cosa que se ha tornado común desde la quiebra de Lehman.

Antes de esta crisis apostarle al mercado tenía una lógica muy simple: si los datos macroeconómicos salían bien el mercado se ponía bullish (optimista) y subía, si los datos salían mal los mercados se tornaban bearish (pesimista) y bajaban. Actualmente, dadas las enormes distorsiones monetarias a las que fueron expuestos los mercados muchas veces ocurre que cuando un dato sale mal, los mercados festejan en vez de preocuparse y es más en ocasiones los mercados esperan un mal dato y lo usan como catalizador de la suba y del próximo QE.

La noción de un permanente estado de vigilancia desde “la Fed” ha contaminado convenientemente a los inversores de un nivel de moral hazard (riesgo moral) máximo desde el comienzo de la crisis. Estos mercados denotan un sesgo crónico a la toma de riesgo por la sencilla razón de que los inversores han llegado a la resignada conclusión de que si algo se complica, los centrales volverán a bombardear con dinero a los mercados financieros reflactándolos una vez más.

Si la economía real se ve mal, o si la banca española se ve mal o si Grecia se ve cada día peor, o si Júpiter tiene un déficit fiscal incontrolable, a nadie le importa y ni siquiera genera la compra de protección ante esos eventos (puts onerosos). ¿Para qué comprarse un put a la baja si en definitiva, Ben Bernanke u otro banquero central aparecerá con un estímulo monetario que neutralizará temporariamente un shock real dado? El colapso de las volatilidades implícitas en el VIX que venimos observando desde 2012 está reflejando esta realidad.

Observamos un mercado plagado de problemas muy graves no resueltos tales como la crisis de deuda europea, el gigantesco déficit americano o una mega-burbujeante economía china, y sin embargo nadie se molesta en comprar protección. Este patrón de comportamiento del inversor le ha sido muy útil a la economía global. Es mucho más sencillo para un gobierno transitar años enteros de mediocridad económica con elevado desempleo con un S&P 10% positivo que con uno 10% negativo.

Sin dudas los shocks monetarios han congelado expectativas ubicando al mercado en una incomprensible nube hipnótica de felicidad y han frustrado hasta al bear (pesimista) más empecinado comprando tiempo, lo cual es esencial en una crisis. Sin embargo, estas distorsiones de moral hazard no son neutrales al equilibrio general. La contracara del moral hazard es la generación de burbujas en mercados como los de commodities y bonos soberanos americanos. Los próximos años nos mostrarán si este mercado podrá desarmar las burbujas del 2013 mejor de lo que pudo hacerlo con las del 2006.

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