Hablemos de Finanzas - 14/01/2013

Raleando entre realidades fiscales y expansión monetaria

Desde el inicio de la crisis, el 2012 ha sido un ejemplo de libro de cómo han venido operando los mercados financieros post-Lehman y parecería que el 2013 intenta ser una réplica perfecta del 2012 aunque sin dudas el año será muy largo.

El paradigma es clarísimo: primero se antepone la distorsión monetaria, muy lejos después y cuando no queda ninguna historieta más por especular, se consideran los fundamentos macroeconómicos de un equilibrio global que todavía lejos está de haber alcanzado estabilidad con una cara fiscal oculta todavía y muy preocupante y que de a poco gana gamma en términos reales. Los desequilibrios que condujeron a esta crisis en muchos aspectos permanecen invariables pero el mercado cuando puede o mejor dicho, “cuando lo dejan” decide ignorarlos convenientemente.

Mientras haya un Banco Central listo para distorsionar, el mercado estará dispuesto a reflacionar persistentemente. Bernanke acostumbró al mercado a “pensar al revés” y el mercado prefiere posicionarse de esta forma priorizando los impactos nominales por sobre la realidad de severo endeudamiento, carencia de crecimiento y crisis fiscal que todavía enfrenta tanto Estados Unidos como Europa circunstancia que no cambiará en las próximas décadas.

Sin embargo, el mercado no quiere hacerse ninguna de estas preguntas. El 2012 fue un año que se compró siempre que lo dejaron. Sólo basta que un Banco Central de la señal de que está dispuesto a inyectar moneda para que todo el mundo se desinterese de lo fundamental y vuelva a un modo disneylandezco y hasta primitivo de trading.

¿Estuvimos mejor en 2012 que en 2011? Probablemente no, pero la diferencia radicó en que durante 2012 fue mucho más evidente la intención de los bancos centrales de USA y Europa de articular si es necesario, contenciones monetarias. Pero el 2013 es al menos un año diferente con desafíos no sulucionados que preocupantemente se acumulan y con una herencia de mercados “muy dulces” que le deja el 2012 con un S&P ya en máximos de cinco años.

El 2012 ha demostrado que los conceptos de puts gratis, el de no tragedia real, el de nominalización, el de moral hazard y todo lo que sigue están más intactos que nunca. El mercado por el momento “quiere seguir creyendo”, quiere ilusionarse monetariamente y los bancos centrales están atrapados en un juego eterno de expectativas que apuntan a la reflación de activos y a la indiferencia vía precios de la crítica realidad fiscal que sigue y seguirá enfrentando el G2.

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