Hablemos de Finanzas - 03/04/2013

Los optimistas y los pesimistas

Se suele pensar que el optimista es una suerte de tonto que solamente cierra los ojos y dice “todo va a salir bien, todo va a salir bien” y eso de ninguna manera es así. Ni siquiera desde el significado de la palabra, y habría que comprenderlo. Optimista viene de la palabra “opus”, una palabra latina que quiere decir “obra”, que quiere decir “trabajo”.

Un optimista no es aquel que cree que por fuerza todo va a salir bien; optimista es aquel que cree que hay algo por hacer todavía y que está dispuesto a hacerlo. Es aquel que apuesta a que hay cosas para hacer para cambiar la realidad, que hoy quizás no le resulte demasiado agradable. Un optimista es aquel que puede mirar un mal episodio con buenos ojos y aquel que puede sacarle partido a un fracaso. Lo que sí está claro es que no solo viven más años sino que además les va mejor en la vida. Y esto no es un dato optimista, estos son datos científicos, son datos demostrables y demostrados.

¿Y qué es un pesimista? Un pesimista es aquel que al que le pesa tanto su agorera visión del futuro que baja los brazos y que se resigna a que todo esté mal. Por eso me parece importante aprender sobre el optimismo. Una característica del optimista es que es capaz de reírse de su propia desgracia, es capaz de sonreírse cuando se resbala y cae al piso pero no se ríe de las desgracias ajenas sino de la propias. Es el primero que se sonríe cuando comete su propio ridículo.

Hay una broma o cuento muy argentino y muy conocido que deja bien en claro a estas dos personalidades. Esta es la historia de un señor que iba a su barbería una vez por mes a cortarse el pelo. Su peluquero era una persona con muchos problemas, pesimista a mas no poder. Siempre le encontraba un lado malo a todo, como decimos por esta latitudes “le encontraba un problema a una solución”.

Entonces en esta oportunidad el cliente le pide que le corte un poco más corto de lo habitual ya que se iría de viaje por un mes a Europa. ¿A Europa?, ¿para qué va ir a Europa? le dice el peluquero. ¿Cómo para que voy a ir Europa? Quiero conocer ese viejo mundo, mis abuelos vinieron de allá y además nunca tuve la oportunidad de ir, replicó el cliente. Y… ¿a dónde quiere ir? se escuchó detrás al mismo tiempo que las tijeras.

Bueno, voy a ir a Inglaterra, a Francia, a Alemania y sobre todo quiero ir a Italia. ¿A Inglaterra piensa ir? Inglaterra tiene un clima espantoso, siempre llueve, siempre hay humedad, los británicos son muy antipáticos, cerrados. ¿Para que va ir? No tiene nada para ver, todos hablan inglés, no se entiende nada. ¿Ud habla inglés? Yo no. Y…. ¿entonces para qué va?

Bueno, bueno, contesta el cliente, también quiero ir a Francia, a París. ¿Paris?, ¿Francia? Nooo!!!!, los parisinos son todos antipáticos. Odian a los turistas y a los argentinos más que a nadie. Mire, seguramente cuando llegue le van a perder las valijas, no va a encontrar hospedaje en el hotel.

Bueno, bueno, también voy a ir a Alemania donde todo funciona bien, contesta aliviado, buscando callar al peluquero. Los alemanes son tan fríos, tan distantes, comienza el barbero, toman cerveza todo el día. ¿Para qué va ahí, me quiere decir? Bueno, bueno, cálmese, dice el cliente, también voy a ir a Italia.

Ah, no, ¿a Italia, me dijo? En Italia todo es viejo, todas las historias que cuentan son de mentira, no trabajan nunca. Pero en Italia está el Vaticano, la hermosa plaza de San Pedro, hay lugares bonitos para ir, retruca el cliente. Además tengo la posibilidad de ver al Papa, justo ahora que es Argentino.

¿Ud se escucha lo que está diciendo? Va a ir a un lugar con diez mil o cien mil personas que lo único que hacen es ver una ventanita absolutamente perdida en la inmensidad de ésos edificios, que nadie la llega a ver y el que puede ve cualquier cosa. Mire, aunque lleve un larga vista no va a ver nada. Sinceramente, va terminando el peluquero, su viaje es un viaje inútil. Una pérdida de tiempo.

El cliente ya no quería saber más nada de este señor, estaba a punto de quitarle las ganas de hacer su tan pensado viaje. Así es que se despiden hasta el mes entrante.

Resulta ser que efectivamente al cliente le pasó todo lo que el barbero le comentó. Llovió en Inglaterra, le perdieron las valijas en Francia, tuvo un problema con la policía alemana en el aeropuerto, en Italia lugar que iba a visitar estaba en refacción, etc. Entonces vuelve a Buenos Aires enojado con su peluquero que, pensaba, le aguó el viaje que tanto soñaba. Vuelve a la barbería, se sienta con cara de pocos amigos, y el peluquero le pregunta por su viaje. Mire, la verdad tengo que confesarle que todo fue como Ud me dijo. Y vió, yo le dije, confirmó el peluquero.

Pero no todo salió como Ud me dijo. En el Vaticano había dos millones de personas y como Ud me dijo la ventana era un punto blanco indivisible pero de repente salió el Papa y comenzó a señalar a alguien del público. Al segundo salen los autos con el Santo Padre, con toda su seguridad, pasan por entre medio del público y se detiene enfrente mío y me dijo algo que nunca voy a olvidar. ¿El Papá le habló a ud? Sí. ¿Bajó para decirle algo a Ud? Así es. ¿Y qué le dijo?

Me acarició la cabeza y me dijo “quién es el idiota que te corta el pelo”.

Javier Frachi

Maestría en Finanzas UTDT, 2012

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Un comentario para Los optimistas y los pesimistas

  1. Javier dice:

    LA FOTO ES UNA GENIALIDAD!!!!!

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