Hablemos de Finanzas - 23/04/2013

Reflación: aliado de una clase política que resiste enfrentar los dramas de la crisis

Vivimos en un mundo reflacionario de Estados muy gordos, muy grandes, muy sobre-dimensionados que prometen mucho, que son muy caros de mantener y que al final de cuentas son neutrales al mejoramiento de la vida de las personas. Se me hace difícil encontrar a un político a quien lo motive su voluntad de servir a sus conciudadanos, lamentablemente se me hace mucho más fácil percibir de ellos una estéril vocación por el poder que dan los votos indiferentes en última instancia a las necesidades de su electorado. Estados cada vez más grandes, cada vez más demandantes de impuestos pero paradójicamente, más lejos también de las necesidades de la ciudadanía.

La reflación de activos parece haber sido el mejor aliado de una clase política que, cuando las circunstancias se lo permiten decide siempre no hacer nada y mantener por lo tanto el status-quo pre-crisis, estado que by the way….nos condujo a este drama internacional. Un Estados Unidos con 16 Trillones de Dólares en deuda (¿cuántos ceros son?), una Europa que sigue atrapada en un sendero inestable de deuda/crecimiento y un Japón que vía QE, peligrosamente intenta recuperar veinte años perdidos en seis meses marcan cómo está el G3.

Seguimos pateando la pelota hacia adelante: que el drama de la crisis internacional lo enfrente finalmente el político que sigue y mientras tanto seguimos engordando inflacionariamente al mercado de activos financieros. Muchos se preocupan por la inflación futura en el mercado de activos reales como principal amenaza del equilibrio actual, lo cual creo es un error de concepto. El riesgo de esta realidad reflacionaria no está en la inflación como concepto tradicional sino en la potencial explosión de burbujas. De hecho, la reflación del periodo Greenspan 2002/2007 terminó así: la burbuja del mercado de viviendas colapsando.

Ayer justamente twiteaba esto: “Menos crecimiento que, a su vez alimenta mayor reflación que, a su vez alimenta mayor crecimiento. Verso que escucho desde el 2008,  ¿me perdí algo?”

Sin dudas los shocks monetarios han congelado expectativas ubicando al mercado en una potencialmente inestable fase de felicidad reflacionaria y han frustrado hasta al pesimista más empecinado comprando tiempo, lo cual es esencial en una crisis. Sin embargo, estas distorsiones en el comportamiento del inversor global no son neutrales al equilibrio general y tampoco son eternas. El oro por ejemplo, ha colapsado a pesar de transitar un entorno que será reflacionario por mucho más tiempo y por lo tanto en teoría al menos, le debería seguir siendo favorable.

La contracara de esta despreocupación “casi por default” es la generación de burbujas en mercados de activos financieros como los de commodities y bonos soberanos americanos. Los próximos años nos mostrarán si este mercado podrá desarmar las burbujas del 2013 mejor de lo que pudo hacerlo con las del 2006. De hecho, el underperformance (peor rentabilidad relativa) que han tenido los commodites respecto al S&P en estos últimos meses quizá nos esté indicando que hay ciertos mercados que ya comenzaron a corregir el exceso de optimismo alimentado por un mero proceso de inflación de activos vacío totalmente de fundamentos.

Antes de esta crisis apostarle al mercado tenía una lógica muy simple: si los datos macroeconómicos salían bien el mercado se ponía optimista, si los datos salían mal los mercados se tornaban pesimistas y bajaban. Actualmente, dadas las enormes distorsiones monetarias a las que fueron expuestos los mercados, muchas veces ocurre que cuando un dato sale mal, los inversores festejan en vez de preocuparse y es más en ocasiones los mismos esperan un mal dato y lo usan como catalizador de la suba y del próximo QE. Vivimos en el mundo ficticio de Ben Bernanke lo cual no es una crítica a las decisiones de la Fed sino la descripción de una realidad evidente y quizá la única opción de estabilización a corto plazo: el sistema de precios dejó de funcionar desde el 2008 y eso tiene un enorme riesgo potencial.

La noción de un permanente estado de vigilancia desde la Fed de Bernanke ha contaminado a los inversores de un nivel de moral hazard (riesgo moral) máximo desde el comienzo de la crisis al punto tal de haber neutralizado al sistema de precios como señalizador del futuro próximo. Estos mercados denotan un peligroso y preocupante sesgo crónico a la toma de riesgo por la sencilla razón de que los inversores han llegado a la conclusión de que si algo se complica, los centrales volverán a bombardear con dinero a los mercados financieros reflactándolos otra vez más. Lo anunciado por Japón recientemente sea probablemente el ejemplo más cercano en este respecto aun corriendo el riesgo de una devaluación descontrolada del Yen.

Observamos un mercado plagado de problemas muy graves no resueltos tales como la crisis de deuda europea, el gigantesco déficit americano, una eterna deflación en Japón o una burbujeante economía china y sin embargo, nadie se molesta en comprar protección. Este patrón de comportamiento del inversor le ha sido muy útil a la economía global en el corto plazo al menos. Es mucho más sencillo para la clase política de turno transitar años enteros de mediocridad económica con elevado desempleo mostrando un S&P 15% positivo que con uno 15% negativo.

Seguimos pateando la pelota hacia adelante: que el drama de la crisis lo enfrente finalmente el político que sigue o Montoto.

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Un comentario para Reflación: aliado de una clase política que resiste enfrentar los dramas de la crisis

  1. Guido dice:

    La reflación siempre gana. El S&P 500 ya está de nuevo subiendo. Cada vez que baja un poquito, aparece siempre gente que está dispuesta a pagar lo que sea para comprar.

    Las correcciones del 2010 y 2011 fueron porque Bernanke anunció el fin de los QEs que había en esos momentos. Después de eso, nunca hubo una corrección seria. Bernanke aprendió que si dejaba el QE sin sacarlo, el mercado no bajaría nunca. Y eso es lo que está pasando ahora…el mercado no baja con nada.

    Y no sólo eso, sino que la inflación le da bien, el desempleo sigue bajando. Es cierto que hay miles de manera de medir el desempleo, pero lo que importa siempre es el numerito final. Nadie si fija si mereciste ganar o mereciste perder en un partido de fútbol. Con el desempleo es lo mismo, siempre importa el resultado final. Y hasta ahora, no hay nada que haga poner al mercado bear.

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