Diario - 23/04/2013

Si Milton Friedman estuviese vivo: ¿qué pensaría de España?

El gran Milton Friedman dijo: “la política monetaria es inefectiva en el largo plazo”.

Lo de Friedman es muy cierto: la política monetaria no te soluciona el “largo plazo” pero es enormemente efectiva en “calmar al corto plazo” y desde ahí darle espacio a la política fiscal para que encuentre su curso. Europa parecería moverse correctamente en esa dirección pero es preocupante observar profundas dudas a nivel de agresividad monetaria. Para solucionar el largo plazo en especial en una crisis de semejante envergadura se hace absolutamente indispensable calmar al corto y para ello la política monetaria es enormemente eficaz, herramienta que Europa se niega en utilizar eficientemente.

Dentro de las tantas cosas brillantes sobre las que escribió Friedman, y a pesar de su convicción en la relevancia de la política monetaria como instrumento formidable de amortiguación de shocks económicos, también Friedman indicó claramente que la política monetaria no puede hacer magia. No se puede cambiar al mundo simplemente con emitir dinero, de lo contrario, hacer política económica sería una disciplina muy sencilla: podríamos transformarnos de pobres a ricos simplemente con emitir, lo cual obviamente desafía al sentido común más básico.

En un lado opuesto del argumento, el brillante John Maynard Keynes con su concepto de reactivar demanda vía política fiscal activa también entendía que aumentar el gasto in-eternum tampoco hace magia y probablemente se llegue a un punto en donde trae más problemas que soluciones vía inflación. Estos seis años de crisis nos han mostrado a dos bloques con enfoques extremos en el manejo de la tragedia, tan extremos que ambos han fallado al menos parcialmente en su objetivo final: la solución del problema.

A Estados Unidos se lo ve empecinado casi exclusivamente en lucharle a esta crisis desde el lado monetario sin querer atender el drama fiscal que tiene en frente. Europa se empecina en el ajuste fiscal sin utilizar a la herramienta monetaria como anestesia a la “cirugía general” que requiere Europa desde el lado fiscal.

Si bien la yield a diez años de España bajó desde su máximo del año pasado en 7.70% a los niveles actuales de 4.60%, esta tasa sigue siendo extremadamente alta para un país que enfrenta un desempleo creciente y sin respuestas al 26% y pagando claramente las consecuencias de tasas que superan en 300 puntos básicos a las correspondientes a Estados Unidos y Alemania. En un mundo de tasas cero, simplemente tasas bajas lo ponen a uno en una desventaja.

Cuando un país entró en un sendero inestable en la relación deuda/PBI está muy bien recurrir al ajuste fiscal como herramienta de largo plazo porque, tal como decía el brillante Friedman, la política monetaria es inefectiva a largo plazo. Por lo que, a un problema real no se lo puede solucionar exclusivamente vía QEs in-eternum.

Sin embrago, Europa se sigue equivocando en exagerar la ortodoxia monetaria y fiscal para un período históricamente diferente y por lo tanto potencialmente explosivo que requiere soluciones económicas “fuera del manual”. Para que el ajuste fiscal no termine sucumbiendo ante la inclemencia macroeconómica de esta crisis que pone a Grecia en un desempleo del 27.2% y a España al 26%, es clave que el BCE le de fluidez monetaria al sistema para que la cirugía general que intenta implementar España encuentre un amortiguador monetario de mediano plazo.

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Un comentario para Si Milton Friedman estuviese vivo: ¿qué pensaría de España?

  1. Lo que los libros no educan es que en estos casos se debe pensar en crear opciones de inversiones rentables en el largo plazo, ya sea fiscales o privadas, capaces de pagar la deuda privada y pública que contraen. Al final el crecimiento es siempre un problema de ideas, creatividad, proyectos buenos expost, conciencia de inversiones comerciales adecuadas, de emprendimiento e innovación, tanto fiscal como privada. Todo ello en un ambiente de planes de desarrollo estratégicos vislumbrados por las autoridades y las empresas. Sin corrupción ni política ni empresarial; con ética; con justicia social. Pues ya no existen grados de libertad para soportar más farras, robo y errores de aquellos que toman las decisiones, pues las pérdidas sociales, familiares y generacionales ya son insoportables, en cualquier continente o país.

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