Diario - 19/02/2014

Friedman y Keynes estarían de acuerdo

Lo de Friedman es muy cierto: la política monetaria no te soluciona el “largo plazo” pero es enormemente efectiva en “calmar al corto plazo” y desde ahí darle espacio a la política fiscal para que encuentre su curso. Para solucionar el largo plazo se hace absolutamente indispensable calmar al corto y para ello la política monetaria es enormemente eficaz. La pregunta sin embargo es sino no se habrán pasado de rosca con tanto QE por todos lados. Supongo que hasta el mismísimo Friedman se sorprendería de la heterodoxia monetaria observada desde la quiebra de Lehman Brothers.

Queda claro que los principales banqueros centrales del mundo coinciden en que hay una sola cosa peor que la inflación: la deflación. El tiempo dirá si lo que hoy consideramos como un sendero estable realmente lo es o si simplemente estamos transitando una bifurcación dinámica hacia la próxima crisis. El gran Milton Friedman dijo: “la política monetaria es inefectiva en el largo plazo”.

Dentro de las tantas cosas brillantes sobre las que escribió Friedman, y a pesar de su convicción en la relevancia de la política monetaria como instrumento formidable de amortiguación de shocks económicos, también Friedman indicó claramente que la política monetaria no puede hacer magia dado que no existe el concepto de alquimia monetaria: lo monetario compra tiempo y nada más, en algún momento se deben hacer cambios estructurales. No se puede cambiar al mundo simplemente con emitir dinero, de lo contrario, hacer política económica sería una disciplina muy sencilla: podríamos transformarnos de pobres a ricos simplemente con emitir dinero papel, lo cual obviamente desafía al sentido común más básico.

Sin embargo, algo que no deja de sorprenderme y no creo ser el único en este sentido, es en lo prolongado que puede resultar el efecto positivo de la laxedad monetaria: desde Septiembre del 2008 la Fed bombardea al mundo entero en forma monetaria y sin embargo sólo observamos hasta el momento los impactos positivos de dicha política, todo reflaciona, todo es felicidad por lo menos en Estados Unidos con un S&P que sube todos los días del año con sol o con lluvia.

A Estados Unidos se lo ve empecinado casi exclusivamente en lucharle a esta crisis desde el lado monetario sin querer atender el drama fiscal que tiene en frente con un ejecutivo y un congreso que siempre mira hacia el otro lado. Por el momento esta estrategia le ha sido formidablemente útil dado que su mejora económica se ha financiado vía exportación al resto del mundo de dos males: desempleo e inflación. Que el mundo entero ahorre en Dólares le genera a la Fed el escenario soñado de pibe: le cobro impuesto inflacionario a todo el mundo y mientras tanto vía reflación y efecto riqueza intenta recuperar a la economía americana del bache deflacionario en el que quedó atrapada desde inicios de la crisis.

En un lado opuesto del argumento, el brillante John Maynard Keynes con su concepto de reactivar demanda vía política fiscal activa también entendía que aumentar el gasto in-eternum tampoco hace magia y probablemente se llegue a un punto en donde trae más problemas que soluciones vía inflación. A esta altura del artículo debería quedar claro que si bien Friedman y Keynes estaban del lado opuesto de la discusión ninguno negaría al otro y ninguno se comía el sapo: ellos eran los primeros en ser conscientes de que sus respectivos enfoques tenían límites muy claros. Abusar de los mismos puede traer más mal que bien y a esta altura me pregunto si tanto QE en USA, Japón, Inglaterra, no estará sentando las bases para la próxima gran crisis y ojo ahí: si ocurre, con qué balas la van a parar.

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