Diario - 04/05/2015

¿Hedgeados contra un shock devaluatorio en 2016?

Hoy lunes, a partir de las 1915h se viene otra ronda del Seminario de Trading en la Maestría en Finanzas de la UTDT. Exponen Gastón Moltrasio, Diego Iaccarino y Sebastián Arena sobre bonos Argentinos.

Hace meses que se está gestando en el entorno corporativo argentino la sensación de que con el próximo presidente se viene un formidable ajuste de precios relativos, siendo el tipo de cambio el precio principal que captura la atención de todos. La pregunta no es si dichos ajustes ocurrirán, eso es obvio; lo que no sabemos y eso dependerá de quien sea electo como presidente, es la velocidad de dichos ajustes. Lo cierto es que todo gerente financiero debe sentir hoy en día la casi inexcusable responsabilidad de medir la exposición dólar de su negocio y eventualmente plantearse ya cómo hedgear al mismo ante un potencial shock devaluatorio que cuando ocurra, quizá no avise, tal como ocurrió con la última gran devaluación del peso a principios del 2014.

Uno podría conjeturar que si el FPV llegase a ser electo se vendría un largo periodo de gradualismo y eventual corrección en cámara lenta. Si ganase el PRO, se podrían imaginar cambios más rápidos, shockeando al modelo actual. Con lo cual, parecería que al candidato presidenciable del FPV se lo asocia al concepto de gradualismo mientras que al PRO se lo relaciona con cambio rápido. Todo esto obviamente es mera conjetura dado que en Argentina parecería que la regla es no debatir y que por lo tanto un electorado que está obligado a votar debe hacerlo respecto a representantes que no están obligados a debatir. Queda claro que la estrategia de todos, es no decir nada ante la eventual pérdida de votos que un sincericidio pudiese ocasionar. Vivimos en una democracia de mudos en donde al electorado no le queda otra que imaginar lo que eventualmente se pueda hacer.

Desactivar en cámara lenta las múltiples restricciones económicas que enfrenta el país condenaría a la economía argentina a una crónica falta de empleo. Recordemos como detalle que Argentina colocó deuda en el entorno del 9% cuando Alemania puede hacerlo al 0%. Parecería entonces que hacer la plancha por cuatro años es imposible, por el contrario, se necesitan ajustes inmediatos en varios frentes: cambiario, fiscal, monetario, endeudamiento, etc. Sin embargo, queda claro que la tendencia alcista de activos argentinos está intacta, el mundo está ansioso de confiar nuevamente en Argentina y no lo hacen “por buenos” sino porque la razón es obvia: en un mundo en donde sea hace difícil encontrar algo aceptable que rinda 3% a diez años, la curva argentina ronda el 8/9%, una uva caída del cielo.

El costo más alto de una estrategia gradualista radica probablemente en el ADN de los argentinos. Los argentinos no reaccionan en cámara lenta ante los diversos desafíos que nos presentará seguramente la situación inmediata al próximo presidente. El gradualismo dejaría al próximo gobierno atrapado en la coyuntura actual, aspectos que lentamente irían erosionando el romance eventual que tenga la ciudadanía en los primeros seis meses de gestión sabiendo que los argentinos tenemos la lapidaria costumbre de “desamorarnos muy rápido”. No pegar nunca un golpe de knock-out probablemente le ahorraría los costos políticos iniciales pero a la larga lo terminarían haciendo sucumbir ante una realidad que, sin cambios estructurales, queda condenada a la erosión de capital político. El gradualismo podría funcionar en el corto pero es claramente inestable para el largo plazo.

Si el próximo gobierno optase por un cambio global y simultáneo probablemente tendría que digerir un costo político inicial alto pero sentaría las bases para recolectar las bondades de un sistema económico que quede liberado del esquema de restricciones actuales. Argentina necesita reducir su déficit fiscal, implementar una política anti-inflacionaria contundente, interrelacionarse nuevamente con el mundo y mercados financieros, liberar el cepo o sea, cambios que no implican reinventar la rueda pero con amplios impactos económicos. Cambiar rápido y recolectar después, parecería ser la única alternativa razonable. En ese contexto: ¿qué tan expuesto está el riesgo de la empresa que a uno le toca administrar ante un potencial shock devaluatorio?

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