Academicas - 31/12/2015

Dar y recibir. Texto no financiero. Cierre.

Por Javier Frachi

Ayer luego de un cierre de año hiper arduo en la empresa me acordé de mi amigo Edu E, quien siempre me cuenta la sensación de relax que tiene al tocar la viola después de un día complicado en su trabajo. Puede tocar, zapear, horas sin notar que pasó el tiempo. Asi fue que al volver a casa preparé unos gin tonics, prendí el equipo de música, apagué todas las luces, me tiré en un sillón y lentamente comenzaron a gotear ideas sobre el fin de año.

No creo en esto del “hombre nuevo”, de que como si se tratara de girar una perilla de luz la vida de uno se transforma en “otra cosa mejor”  por el simple paso al siguiente número de la patente del año. Sí creo que los fines de año y los cumple años sirven para responder tres preguntas esenciales (quien soy, a donde voy y con quien) y agradecer a la gente que dejó una marca en uno o recibir las gracias de la gente a la que uno dejó marcado su paso por esta vida.

El resultado de estos dos párrafos que resumieron mi noche fue que se me ocurrió un breve cuento para sintetizar esta fecha, agradecer a alumnos, a Germán y otros amigos y plantar en uds alguna semilla de introspección. El cuento que viene a continuación no tiene un título pero sí un protagonista de lujo: uds.

Espero les aporte y genere la acción de agradecer a otros por la ayuda recibida, de devolver parte de ella y sentirse valorados por las cosas buenas que hicieron recordando esta historia.

Nuestro protagonista principal vivió gran parte de su vida con intensidad. De alguna manera su intuición lo guiaba cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino. La mayoría del tiempo se sentía en plenitud de haber encontrado el camino correcto, aquel que por añadidura trae la sensación de felicidad y plenitud.

Nuestro protagonista aprendió a hacerse cargo de si mismo y se amaba lo suficiente como para darse las mejores cosas, los mejores tratamientos, los mejores viajes y las mas exquisitas bebidas y comidas. Sabía que hacía todo lo posible para no dañar a los demás, especialmente a sus afectos. Quizás por eso le dolía la injusticia, la envidia o las acusaciones sin fundamentos de boca de extraños.

Un día nuestro galán de novelas cortas se sintió abrumado y decidió que tenía que irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de otros, repartir lo cosechado.  Así en otro país, en otro pueblo, con otra gente, podría empezar de nuevo. Una vida diferente. Sentía que debía reflexionar sobre su presente y sobre su futuro.

Armó una valija con lo necesario para emprender este viaje y partió en dirección a la montaña porque una vez le dijeron que allí, en la altura, la perspectiva permite pensar y ordenar las ideas.

-          Por unos dólares te alquilo el telescopio. Dijo un viejo que salió de la nada.

El protagonista encontró unos billetes y se los alcanzó al viejo, quien rápidamente tomo el telescopio y se lo dio. Después de un rato, el protagonista logró identificar su primera casa, la plaza donde jugaba a la pelota, la escuela donde fue y donde dio su primer beso, el club de futbol al cual alentaba los domingos. Algo le llamó la atención. Un punto azul brillaba intensamente en el patio del colegio.

El protagonista apartó los ojos del largavista, parpadeo reiteradas veces y volvió los ojos sobre el aparato, volvió a mirar y el punto azul seguía allí.

-          ¡Qué raro! Dijo.

-          ¿Qué es raro?, respondió el viejo

-          El punto brillante – contestó-. Ahí, en el patio de mi primer colegio, el Antonio devoto.

Le dio el telescopio al viejo para que vieja con sus propios ojos el punto azul.

-          Son tus huellas – dijo el anciano.

-          ¿Qué huellas?, respondió incrédulo nuestro protagonista.

-          Las tuyas. ¿Te acordás de aquel día…? Debías tener 8 o 9 años. Tu amigo de la primaria, Javier, lloraba desconsolado en el patio del colegio. Su mamá le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. ¿Ahora te acordas? El perdió la guita y lloraba a mares por la impotencia y la bronca.

Nuestro protagonista buscó en todos los archivos de su memoria. El viejo después de una pausa siguió.

-          ¿Te acordás lo que vos hiciste? Vos tenías un lápiz que ibas a estrenar ése día. Pero lo partiste en dos partes iguales. Luego le sacaste punta y se lo diste a tu amigo.

-          No me acordaba. Pero eso qué tiene que ver con el punto brillante.

-          Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros. Las acciones que contribuyen a la felicidad de los demás quedan marcadas como huellas, como puntos azules indelebles en el tiempo.

Nuestro servidor volvió a mirar el largavistas y vió otro punto azul cuadras después del colegio.

-          Ese día saliste a defende a Pato, ¿te acordás? Volviste a casa con un dedo quebrado y un ojo morado y el guardapolvo destrozado.

-          Ese que está ahí, en el centro – siguió el abuelo- es el festejo de Vico a quien ayudaste con su tesis. Y el otro punto mucho más a la derecha es la huella de aquella vez que ayudaste conseguir el dinero para la operación de Sofía. Las marcas que están allá a la izquierda son de cuando interrumpiste un viaje en Europa porque la abuela de tu mejor amiga había muerto y vos querías estar con ellos.

El protagonista apartó los ojos nuevamente del catalejo y sin necesidad de él empezó a ver cómo aparecían miles de puntos azules desparramados por toda la ciudad y más allá. Al terminar de acostarse el sol, la ciudad estaba iluminada de muchas manchas azules que era nada menos que las huellas que él dejó en otros.

Moraleja o cierre. Cuando uno mire hacia el cielo hoy a la noche recordá que muchas luces que iluminan la noche son tus huellas que recuerdan las miradas de aprecio y los gestos de afecto que tuviste para con otros.  Muy amenudo nos olvidamos de lo importante de los encuentros con amigos, de hablar tres horas sin sentido y sin celualres prendidos, de lo que damos y recibimos de manera no visible. Muchas veces no recibimos un “gracias” pero sería bueno, ahora que estamos con el “cambiemos”, dar un paso adelante y agradecer.

 

 

 

6 comentarios para Dar y recibir. Texto no financiero. Cierre.

  1. Jorge Lew dice:

    Hermosa reglexion. Gracias

  2. Soledad dice:

    Hermoso Javi!!! Lo mejor para vos en este 2016!!! Abrazo grande!!!

  3. Francesco dice:

    Excelente Javier! Muchas felicidades para este 2016

  4. Adrian Tozzi dice:

    Muy bueno Javi, gracias y gracias por compartir. Abrazo

  5. Joaco RH dice:

    Genial Javi !
    Aprovecho para agradecerles por el aporte que me han dejado vos y German durante este 2015. Mercados Financieros Globales fue, SIN DUDAS, el mejor curso al cual asistí en mi vida. Abrazo grande y espero nos juntemos pronto a charlar de mercados.

  6. Dimas Olivera dice:

    Excelente Javier, muchas gracias por refrescar el hombre interior que tiende a apagarse en estos tiempos que corren. Abrazo grande desde Misiones, Argentina

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