Academicas - 03/02/2017

Aprender a valorar lo que se tiene

Por Javier Frachi

Hace unas semanas comencé a mirar una serie en “Netflix” titulada “Four season in Havana”. No esperaba mucho porque discriminé por la foto de portada; fea, sin una imagen potente. Sin embargo aburrido hice clic y empecé con el capítulo primero. Quedé fascinado. Luego vino el segundo, al tercero ya era una droga que no podía dejar. Excelente libros, diálogos, historias que atrapan y buena fotografía.

Nunca fui a Cuba, prometí no hacerlo hasta que el “régimen” caiga. Difícil saber cuándo ocurrirá y si ya ocurrió. En fin, el protagonista principal me hizo pensar (cosa que habitualmente no hago). El vive en una casa antigua donde falta todo pero a la vez nada ya que imagina con la literatura aquello que necesita o le falta. Les recomiendo vean la serie para saber cual es su deseo principal, estoy seguro que la trama llena de sexo, acción, intriga y política no los va a defraudar.

El film muestra muchas historia de Cuba, pero a mi me quedó una idea marco mas grande sobre aquellos que no tienen trabajo o reciben una asistencia para la eternidad. Así fue como nació el cuento o reflexión que sigue a continuación.

Dicen que un hombre murió, que su alma se elevó unas horas después de su muerte y que fue recibido en algún lugar desconocido por un hombre vestido todo de blanco. Muy pulcro, con una gran sonrisa en los labios y que le dijo “bienvenido, llegaste a tu lugar definitivo”.

El hombre miró a su alrededor, todo estaba muy sereno, muy tranquilo. Habían nubes blancas, perfume a jazmines y lavanda y sonaba una lejana música de fondo. Sígueme le dijo el hombre de blanco. Lo siguió, entraron a una habitación completamente vacía de color blanco, sin ninguna otra puerta que por la que entraron, sin ninguna ventana y sin muebles.

-          Este es tu lugar, le dijo el hombre de blanco.

-          Así, ¿vacío? ¿Sin muebles? ¿Sin una cama? ¿Sin una ventana?, replicó nuestro protagonista.

-          No, no, no. No es así. No te apures. Este lugar está diseñado perfectamente para vos. Nosotros no hicimos nada hasta no saber cuál era tu deseo. Pero con solo pensar qué es lo que querés que haya en esta habitación, ésa cosa va a aparecer.

-          ¿Cómo es eso? No entiendo.

-          Claro. Me dijiste que querías una cama. Bueno, entonces imaginá ésa cama en la que te gustaría dormir con tu cabeza.

Nuestro protagonista siguió las instrucciones, pensó la cama con su cabeza y la cama apareció.

-          ¡Esto es genial! ¿Y no puedo tener una ventana?

-          Claro, imagínatela y vas a tener una.

De nuevo repitió el procedimiento. Imaginó una ventana, y la ventana apareció.

-          ¿A dónde querés que mire esa ventana?, dijo el maestro de blanco.

-          Al lago y a una montaña, contestó apresurado de contento el reciente fallecido.

-          Bueno, dale, imagínate ése lago y esas montañas. Todas las que quieras.

Aparecieron las montañas con su copo de nieve en la punta y un inmenso lago como el Nahuel Huapi.

-          Y… para comer cómo hago, preguntó confuso el protagonista.

-          Simple, imagina una mesa y sobre ella lo que quieres comer.

-          No, no, no. Esto no puede ser cierto y tan fácil. A ver… si esta vez sale.

Imaginó la mesa, con dos sillas y la comida para ésa noche.

-          Ves, funciona con lo que vos quieras.

-          Y ¿esto es para mi? Yo la verdad… yo no pensé que me merecía esto, contestó algo sonrojado.

-          Si un dia queres hacer la cama solamente tener que imaginar la cama ya hecha y se hará. Lo mismo cuando quieras limpiar la basura y este espacio. Y así con cada cosa que quieras y necesites. Si en algún momento tenes alguna duda o problema, con solo imaginar yo apareceré.

-          ¡Muchas gracias! ¡Muchas gracias!, despidió a los gritos al hombre de blanco.

Luego reflexionó que él no había sido buena persona. Que fue malo, dañino con las otras personas, que se aprovechó de otras personas. No ayudó a alguno que debía ayudar. Sin embargo, en ésa pieza estaba nuestro protagonista y todo lo que él quisiera le era concedido.

Pasó unos cuantos meses muy contento. Muy alegre. Imaginaba una cosa y aparecía. Quería tal otra y con solo hace un pequeño esfuerzo mental y definir formas y colores y tamaños eso aparecía. Así un día pensó que estaría bueno tener un pequeño espacio para hacer jardinería y cultivar un huerto.

Alguna vez de chico plantó con su abuela tomates, albaca, papas, naranjas, etc. Y recordaba como era su parcela de tierra de ése momento, entonces decidió imaginarlo para que apareciera. Imaginó la tierra, la pala, las semillas, el agua y todos los otros elementos necesarios para hacer la tarea con sus propias manos.

Pero nada apareció. Intentaba y volvía a intentar sin obtener ningún resultado. Pensó que el sistema debía estar fallando, que se habían vencido los poderes. Entonces invocó al hombre de blanco.

-          Mire, estoy imaginándome un huerto con unas herramientas pero no aparecen. No sé qué estoy haciendo mal.

-          No, no. No van aparecieron ni van a aparecer. Porque esto implicaría trabajar. Y acá eso no se puede. Está prohibido trabajar.

-          Pero es por el placer de hacerlo. Me gustan los tomates y papas caseras.

-          Bueno, imagínate los tomates y las papas y van a aparecer.

-          Pero yo no quiero eso. Quiero trabajar yo la tierra, quiero plantarlos yo, quiero verlos crecer.

-          No, mi querido amigo, acá no se puede trabajar. Podes tener lo que quieras pero no podes trabajar, sentenció el hombre de traje blanco.

-          ¿Voy a estar toda la eternidad sentenciado a no trabajar, sin poder hacer nada?

-          Sí, claro.

-          ¿No tengo ninguna posibilidad?

-          Ninguna.

-          Pero, pero, eso es un infierno.

-          Y donde te parece que estás…

A veces, bastante seguido ya, creo que no somos conscientes del infierno en el que viven los hermanos que no tienen trabajo. Todos estuvimos alguna vez ahí. Y tampoco creo no dimensionamos lo que para el otro significa tener un trabajo. Más allá de que como el señor de blanco le demos todo lo que necesiten a veces una vida sin trabajo es un verdadero infierno.

4 comentarios para Aprender a valorar lo que se tiene

  1. Muy interesante tu artículo Javier. Para reflexionar.

    Muchas gracias y fuerte abrazo.

  2. nicolas dice:

    Gracias Javier por darle estas aristas al blog. Saludos.

  3. patán dice:

    Tiene razón señor cuento. Cómo impacta estar en la situación de haber encontrado la desigualdad del ser al no tener ese sentimiento de que nuestras manos y cabeza no están siendo usadas, que si inteligencia no está siendo aprovechada. Como seres biológicos que somos, el hecho de continuar la habilidad de hacer y sobrevivir no solo debería pasar por simple deseos y necesidades capitalistas, es la realidad que ya en estos tiempos solo existe ser un sujeto empleado si ello representa un movimiento de números que, al final de mes y con suerte por siempre, dará ese movimiento de sonrisas que expresa el preciado beneficio. Tener trabajo; es como tener una identidad. Pero, tiempos pedorros en los que vivimos ya no desean que busquemos nuestra identidad, más bien, que ella resulte beneficiosa para muy poco. Bueno sí, un poco de exageramiento, siempre habrá trabajo que pueda florecer sin tanto embroyo, mas para algunos estaría bueno que ese florecer no se dé tan turbio y lento. Saludos señor cuento.

  4. Adrian dice:

    Muy interesante relato Javier. Gracias. Abrazo

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