Diario - 18/07/2017

¿Cuánto vale un país que no existe?

¿Dónde invierto mi dinero?: Micro-Charlas Semanales de Mercados Financieros a Distancia. A partir del sábado 5/8 daré comienzo a un review semanal de mercados, todos los sábados de 11 a 12 horas a través de una plataforma de acceso virtual a distancia, tranquilos y lejos de los avatares de la semana. La idea será crear un entorno de discusión permanente sobre coyuntura de mercados locales e internacionales y decisiones de posicionamiento de carteras de acuerdo lo vaya dictando la coyuntura financiera. Las charlas serán grabadas por lo que los suscriptores tendrán acceso ilimitado a las mismas. La discusión se basará en una introducción de 15 minutos semanal que daré al inicio y luego abriremos el debate a un ida y vuelta de preguntas y respuestas de los asistentes por los 45 minutos restantes. La interacción permanente de la audiencia hace al espíritu de este review semanal de mercado orientado totalmente al pequeño inversor retail, ese que normalmente suele ser el más desinformado y desprotegido, ese que compra Lebacs cuando hay que venderlas y vende pesos cuando hay que comprarlos y toma sus decisiones primordialmente basado en lo que escucha en un taxi o en los elementales debates económicos de la “TV” argentina. La agenda de cada semana la determinarán totalmente los sucesos ocurridos en los mercados y analizaremos las oportunidades de posicionamiento que surjan en consecuencia, discutiremos exclusivamente sobre coyuntura financiera en mi rol de asset manager. Para suscripción mensual, consulta de costos, formas de pago y acceso a la plataforma virtual, enviar mail de contacto a: gf@germanfermo.com. Horario: todos los sábados de 11 a 12h.

Mi nota de hoy en Cronista:

Semana negativa para bonos y la inconvergente Argentina del mediano plazo. Desde el viernes 23 de junio, la parte larga de la curva argentina ha estado bajo presión. Argentina 2046 sufrió un 3% de caída y el polémico bono centenario retrocedió un 1.86%. Sin embargo, el contenido de este artículo es independiente de la dinámica que han exhibido los bonos argentinos durante la semana pasada, comentaremos, por el contrario, sobre un escenario hacia la potencial toma de ganancias en el mediano plazo, basándonos en la posibilidad de que los mercados estén descontando un entorno de convergencia para la Argentina que pueda no darse nunca, implicando una peligrosa sobre-reacción de expectativas. En los próximos años es posible que la curva argentina tenga frente a sí tres etapas: dos optimistas, y una final negativa y cruel, tal como definiremos en los próximos párrafos.

Exuberancia irracional: ¿por cuánto tiempo seguirán los mercados descontando una Argentina imaginaria? Los mercados por momentos deciden operar expectativas y en otras instancias, fundamentos. Existe toda una industria internacional dedicada exclusivamente a reciclar historietas, cuando la expectativa no da para más, ahí te venden la ácida realidad de los fundamentos, momento en el que se genera la toma de ganancia, evento que suele ser doloroso y abrupto. Al tiempo de las PASO 2013, 12 años de duration argentina pagaban 13% de rendimiento y hoy lo hacen cerca del 7.40%. Por lo tanto, el impacto de un cambio político hacia una versión más atenuada de populismo como la actual, resultó en una contundente baja de riesgo país de 560 puntos básicos. Sin embargo, esta Argentina tan “políticamente correcta” en la que vivimos, no ha tenido un indispensable shock estructural, a nivel microeconómico, esta nación es casi tan inviable como hace dos años atrás, no es casualidad, que sigamos siendo un país de frontera. Los mercados han descontado una ilusión de nación que quizá no exista nunca, duda que me surge a la luz de las promesas electorales que vengo escuchando. Corremos el riesgo de culminar con el país económicamente mañatado que heredamos del pasado, sumando el agravante de un potencial endeudamiento externo. Lo único que ha mostrado aceleración en el gobierno del presidente Macri ha sido el precio de los activos financieros, en elocuente disociación frente a una economía real que sigue en vida latente, al ritmo del gradualismo.

El divorcio entre la economía real y el precio de activos financieros: ¿en qué punto del ciclo alcista estaremos? Las preguntas incómodas aparecerán probablemente cuando haya culminado el rally de la curva argentina y para que dicho evento ocurra todavía faltarían dos íconos: a) converger a Brasil, quien para 14 años de duration, ofrece 5.90% de rendimiento, b) converger a Perú, quien para similar duration, ofrece 4.20%. Etapa 1: suponiendo un potencial resultado electoral aceptable para el oficialismo en 2017, Wall Street nos llevaría hacia los rendimientos de Brasil, lo cual significaría un retorno-precio potencial del 25% para bonos largos. Etapa 2: ante un potencial resultado político favorable del oficialismo en 2019, Wall Street nos llevaría a los rendimientos de Perú, lo cual significaría un retorno-precio adicional cercano al 22%. Incluyendo devengamiento, podríamos imaginar una posición en la parte larga generando un retorno potencial a tres años vista de hasta 68%, si es que el mundo aguanta para entonces, lo cual es un supuesto fortísimo. Etapa 3: una vez que Wall Street nos haya hecho comprimir todo lo posible, quizá decida tomar ganancia y se haga la pregunta que hoy nadie quiere sugerir: ¿y qué hicieron con los fundamentos? ¿Cuáles son los cambios estructurales de la economía argentina que justificarían semejantes precios en la curva soberana?

La Argentina de hoy es sólo una ficción con una pequeña chance de convertirse en realidad. Los países se hacen grandes con ideas, pero lamentablemente en la Argentina en la que vivo, las mismas han sido el gran ausente. Ante la falta de imaginación de todo el frente político, la creatividad se ha reemplazado por un recurrente concepto que postula al estado grande como la salvación de una sociedad que sigue sin comprender que estamos como estamos, precisamente, por la dimensión del fisco. Para una ciudadanía que persistentemente decide vivir en la utopía del estado benefactor, los únicos políticos que pueden satisfacer una imposibilidad así de obvia y sub-real, son los ilusionistas. El espejismo político resulta en un endeble equilibrio de corto plazo y pretende generar en la sociedad la sensación de un bienestar potencial que claramente no existe, sólo la deuda hace cerrar este inconsistente equilibrio general. No importa cuál sea el político que escuchemos, su mensaje parecería ser el mismo: estado enorme, sin aclarar que, a dicho ente glotón y egoísta, lo debemos alimentar todos los días, destruyendo recursos hacia actividades genuinamente productivas. ¿Y por qué es siempre así? Porque los políticos son lo que nosotros, permitimos que sean, su propuesta es endógena a la ciudadanía votante: hasta que el argentino aprenda a demandar otra cosa que no sea populismo, el resultado será invariable.

La fábula del estado benefactor. Padecemos de un déficit fiscal agregado en torno al 8% del PBI y lamentablemente, la mayoría de los argentinos no comprende que cuando una nación decide ser deficitaria, se obliga a la vez, a financiarse mediante una de dos formas, o emite pesos y culmina generando inflación, o emite deuda externa y se arriesga a un default. La hiperinflación del 89 parecería no habernos enseñado nada y tampoco el default del 2001; seguimos sin comprender que ambos eventos tienen una raíz perversa y común: estado deficitario. Estamos en un punto donde endeudarnos parecería ser bastante neutral y acoplado convenientemente a esta utopía, todo el frente político en lugar de hablar de austeridad y corrección, nos cuenta historias fabulosas referidas a la grandeza de un estado que en los últimos setenta años no ha hecho otra cosa que empobrecernos. En respuesta a una sociedad que sigue demandando lo mismo, la oferta política se torna redundante: estado infinito y en esta realidad que no cierra por ningún lado, Wall Street se encarga de vender todavía “la novela de los bonos argentinos”, ¿hasta cuándo?

La principal restricción de la Argentina, son los argentinos. La ciudadanía debería demandar una discusión en torno a cómo transitaremos las tres etapas de compresión de riesgo que quizá nos esperen, especialmente, cómo definiremos un sendero de convergencia hacia la “etapa 3”, periodo en el que el mercado que actualmente nos presta, hará todas las preguntas que en el presente no queremos escuchar y mucho menos responder. Pero ante una ciudadanía que no exige calidad política y está más preocupada por la clasificación de Argentina al mundial de fútbol 2018, los mismos políticos de siempre se sienten en la incuestionada libertad de alimentar la utopía del estado inmenso. Contamos con un oficialismo ejecutando “populismo blando”, con una oposición proponiendo “populismo extremo” y con una ciudadanía demandando mayoritariamente “toda clase posible de populismo”; difícil combinación disponemos para preparar a esta nación hacia la áspera “etapa 3” que tarde o temprano enfrentaremos. Por lo tanto, ante un país que no demuestra capacidad de aprender de los errores del pasado, posicionarse en bonos argentinos necesariamente obliga a plantear un escenario mediato hacia la toma de ganancias. La Argentina de hoy es sólo una promesa peligrosamente apalancada en deuda, está en los argentinos, convertirla en realidad: ¿estaremos a la altura de semejante desafío? Me animo a decir que no, ojalá me equivoque.

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11 comentarios para ¿Cuánto vale un país que no existe?

  1. victor dice:

    Organizarse con calma para emigrar… Y emigrar.

  2. Mariano dice:

    Lamentablemente coincido con Víctor.
    Emigrar parece ser la puerta hacia una eventual felicidad.
    Me gustaría poder tenerle toda la paciencia del mundo a Cambiemos, asumiendo que en el mediano plazo podremos contar con un país relativamente serio.
    Pero dudo que puedan / quieran lograr ese Cambio prometido.
    La sociedad argentina está enferma de populismo, demagogia, ignorancia y pasión futbolera aplicada a la política.
    Muy triste.
    Al menos supongo que serviremos de caso de estudio para otros países.

  3. Ailin dice:

    No sé si emigrar sea la respuesta. El capital humano que tenemos debería hacer un esfuerzo y exigir por ejemplo exámenes a nuestros funcionarios y recuperar el atraso en infraestructura -por mencionar algunas-.
    Irse es escapar de la realidad que nos acontece, me parece el camino fácil para el no cambio. Y aunque se diga “es imposible porque ya supera la cantidad de pobres que se necesitaría para erradicar el populismo” considero que nuestras raíces de los 30s/40s han sido lo suficientemente fuertes para que hoy nos mantengamos en pie.

  4. mariano dice:

    Creo que todo inversor individual piensa en emigrar, la gran pregunta es ¿a dónde?

    migrar implica invertir tiempo y dedicacion a un nuevo pais donde establecerse sea garantizarle la propiedad y la libertad a la descendencia. Es una decision de larguisimo plazo

    Y desde mi vision limitada y subjetiva parece que el mundo se argentiniza. No hay más safe heaven

  5. Gabriel dice:

    Imposible discrepar con tu artículo. Es un cáncer, el populismo que dificilmente estemos dispuestos a extirpar, sólo -y en homeopáticas dosis- a morigerar. Uno espera, quizás vanamente, que el respaldo político que el gobierno reciba en las próximas elecciones, sea los suficientemente sólido como para comenzar a transitar la etapa de reconversión real del Estado (y que así lo comprenda también el mismo PE), que incluya, no sólo su drástica reducción, sino también la eliminación de todas las barreras corruptivas que hoy existen, en especial, y fundamentalmente en el Poder Judicial.

  6. marcelo dice:

    German,

    la pregunta es que en el estado de distribucion de riqueza que hay en este pais , desigual de por cierto , como desactivas esa bomba sin ser populista. No le podes pedir a la administracion actual por mas coraje politico que tenga hacer un ajuste mayor del que esta haciendo sin provocarle un desgaste politico que termina actuando como circulo vicioso

  7. German Fermo dice:

    Entonces que le cambien el nombre al partido, en vez de “Cambiemos”, que se llamen “Sobrevivamos”. Yo voté otra cosa, esto es la nada misma.

  8. Marco Schnabl dice:

    German –
    Los hubieras votado aun con otro nombre: eran lo menos malo de las dos opciones. Macri no mintió durante la campaña. Dijo claramente que nadie esperara un gran juste. “Cambiemos” postuló permitir a los argentinos evitar otro colapso monumental que llevara la inflación a 500% y la pobreza al 60% — cumplieron. Todo el resto es para yapa o “wishful thinking”. PD: yo emigré hace 40 años (y ahora vuelvo).

  9. daniel dice:

    no lo voto nunca mas

  10. BARUCH dice:

    Me cuesta creer que el oficialismo mantenga – ceteris paribus- el vigor político necesario para cumplir los plazos implícitos en las etapas 1 y 2.

    Creo que muchas manos fuertes que desconocen la dinámica de nuestro proceso político compraron fuerte y están tratando de de salir sin hacer olas.

    En cuanto a quienes arriesgan en Argentina vida, honor y patrimonio, entiendo que tienen tres opciones: resignarse, huir o velar las armas.

  11. Sebas C dice:

    “Estas reformas irán al Parlamento, pero si es necesario los someteré a un referéndum. No vine a administrar sino a hacer una revolución”; eso dijo Macron…el mundo necesita Estadistas para des-argentinizarse y Argentina tiene la posibilidad de cambiar si se deja de lado el Populismo, que claramente Cambiamos se niega a abandonar.

    Incluso Trump, con todos sus defectos entiende que es el
    Sector Privado, no el Público, su principal aliado para recomponer a la golpeada clase media de USA. (Corporate tax reduction a de 35 a 15%….y aca se niegan a hacer el ajuste por inflación!)

    El problema es que aca no hay 10 premisas básicas de gestión intocables a 20 años gobierne quien gobierne. Aca cada gobierno interpreta lo que hay que hacer a su antojo y se hace y deshace sin un Plan de Gestion Nacional a 20 años.

    El hecho de que el Sector Público no se ajuste (déficit fiscal y deuda pública en alza!) y el Privado si lo haga, (desempleo en alza!) nos demuestra que tristemente el “cambio” pareciera estar lejos.

    Peor aún peor es que cada 2 años la corporación política detenga todo cambio y se derrochen recursos públicos en una clara demostración de que el Sistema mismo es enemigo del cambio por naturaleza.

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